La vida de San Vicente de Paúl,
el Gran Apóstol de la caridad

Nació en 1581, en Pouy, Francia, en una familia campesina. El deseo inicial de Vicente de ser sacerdote se debió principalmente a razones de progreso social y beneficio económico. A través de un proceso de planificación cuidadoso y de estar en el lugar correcto y en el momento adecuado, Vicente fue ordenado sacerdote a los diecinueve años por un obispo mayor que apenas podía ver y escuchar.

St. Vincent de Paul

Empezando su vida sacerdotal sin una motivación pura, el cambio de Vicente se dio durante la visita a unos inquilinos pobres de un adinerado propietario. Cuando Vicente fue llamado a escuchar la confesión de un moribundo, la ingenuidad espiritual del penitente sorprendió a Vicente. El pobre hombre no sabía casi nada acerca de su religión. Poco después Vicente predicó un sermón sobre la confesión general desde el púlpito (Foto abajo) de la capilla del pueblo de Folleville, Francia, en 1617. En ella pidió a la gente que tomara en serio la necesidad del arrepentimiento.

La respuesta lo abrumó. Durante horas, los aldeanos esperaron en fila para confesarse. Adentro expresaron su anhelo por el Evangelio y por buenos sacerdotes. Vicente no había adivinado su hambre o su necesidad. Con base en esta conversión de corazón, Vicente reunió a su lado  un pequeño grupo de sacerdotes misioneros.

San Vicente de Paúl En 1625, Vicente y tres sacerdotes se comprometieron, según sus propias palabras, a “agruparnos y asociarnos nosotros mismos y a la obra mencionada para vivir juntos como Congregación… y dedicarnos a la salvación de los campesinos pobres

St. Vincent de Paul Congregation of the Mission Founding

Nació la Congregación de la Misión. Más sacerdotes se unieron a Vicente y a sus tres compañeros originales y empezaron a predicar por Francia. Durante la vida de Vicente, la Congregación de la Misión se había extendido por todo el mundo. En el funeral de Vicente, el predicador declaró que Vicente había “transformado el rostro de la Iglesia”. Nadie cuestionó esta afirmación. Gracioso, encantador, apasionado y sincero, Vicente de Paúl tenía una extraordinaria capacidad de relacionarse con todo tipo de personas y de moverlas para que se llenaran con el Evangelio y vivieran sus vidas en la caridad. Su visión era sencillamente que la Buena Nueva de Jesucristo fuera anunciada a los pobres por medio de la palabra y el servicio.

St. Vincent de Paul Praying

El ejemplo y el mensaje de San Vicente de Paúl inspiraron a un número creciente de discípulos. Después de la revolución que devastó el priorato de San Lázaro, el 13 de julio de 1789 y destruyó la mayor parte de las cartas y objetos dejados por Vicente, después de todas las alarmas de guerra que habían marcado los dos siglos anteriores y a pesar de los profundos cambios de mentalidad dentro y fuera de la Iglesia, la Congregación nunca dejó de desarrollarse. Hoy tiene presencia en los cinco continentes, cumpliendo así el deseo de su fundador, expresado en una de sus últimas conferencias a sus misioneros.

 Nuestra vocación no es ir a una parroquia, ni a una sola diócesis, sino a toda la tierra. ¿Y qué hacer? Inflamar los corazones de los hombres. No es suficiente para mí amar a Dios si mi vecino no lo ama también.

— (30 de mayo de 1659 – SV 12: 262)

Hoy en día la Congregación de la Misión tiene 3.000 miembros. Vicente también fundó otros grupos para ayudarlo. Las Hijas de la Caridad y las Damas de la Caridad son dos organizaciones internacionales que siguen su Carisma. La Sociedad de San Vicente de Paúl, fundada en 1835 por Federico Ozanam, es una sociedad laica dedicada a los pobres. Por último, más de 500 congregaciones o comunidades se declaran seguidores de Vicente o bajo su patrocinio.


¿Cuál es el secreto de la influencia de San Vicente?

St. Vincent de Paul Healing

San Vicente de Paúl no nos dejó ni un tratado erudito ni un cuerpo de doctrina, sólo el pequeño volumen de su Regla, una breve síntesis de su espiritualidad teológica. Se contentaba con establecer una ruta, despejar los caminos, invitar a sus discípulos a continuar las obras de caridad que había iniciado. Abrió las puertas de la Iglesia, enseñando al clero a trabajar con los laicos, los primeros que se atrevieron a valorar la contribución de las mujeres. Y las mujeres respondieron con entusiasmo a su llamado, ya fueran campesinas o grandes damas de nobleza. Vicente lograba que su obra respondiera a toda clase de miseria, física o moral, decidida a remediarla y a encontrar una solución adecuada para cada situación. Así, fue el iniciador de la ayuda a los niños abandonados, a los prisioneros, a las víctimas de catástrofes, a los refugiados y a los inválidos.

En todas estas obras, fue un precursor mostrando el camino que aún hoy siguen las instituciones y departamentos gubernamentales de servicios sociales. Entregándose a su modelo, a Jesucristo, se puso al servicio de los pobres, “que son nuestros señores y nuestros amos” (Ap 9, 119). Énseñó que la verdadera caridad no consiste sólo en distribuir limosnas, sino en ayudar a los más necesitados a recuperar su dignidad e independencia.

Creía en la virtud de la acción y le gustaba usar este corto lema: TOTUM OPUS NOSTRUM EN OPEERATINE CONSISTIT (La acción es toda nuestra tarea). Luego agregaría: “La perfección no viene del éxtasis, sino más bien de hacer la voluntad de Dios” (sv 11:41, 317).

Vicente era ante todo un hombre de Dios, profundamente inmerso en el espíritu del Evangelio. Recomendó largas oraciones y meditaciones antes de la acción para poder llegar a reconocer la voluntad divina. No hay que darse prisa y por eso aconsejó a la gente no pasar por alto la Providencia.

Sobre todo, este hombre de acción era un hombre de oración y profunda espiritualidad: “Debes tener una vida interior; Todo debe tender en esa dirección. Si te falta esto, te falta todo. “(Sv 12: 131)

De “Vincent the Trailblazer” por Bernard Pujo