Santa Catalina Labouré:
elegida para traer la Medalla Milagrosa al mundo

Saint Catherine LaboureSanta Catalina Labouré nació el 2 de mayo de 1806 en Fainles-Moutiers, un pintoresco pueblo de Borgoña, Francia. Era la novena niña en una feliz familia de once. Dios dio a conocer la elección de esta alma marcándola a una edad temprana con el sello del sufrimiento, ya que cuando tenía sólo nueve años de edad perdió a su madre.

Santa Catalina Labouré respondió al llamado Divino entrando en la Comunidad de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en París. Durante los primeros meses de su noviciado fue privilegiada con una serie de apariciones de la Santísima Virgen, quien le confió la misión de hacer la Medalla Milagrosa. Hasta poco antes de su muerte, Santa Catalina mantuvo un estricto silencio respecto a estas apariciones, hablando de ellas sólo a su confesor, según las instrucciones de la Santísima Virgen María.

Durante 46 años, Santa Catalina fue testigo de las maravillas y milagros realizados a través de la Medalla. Siempre guardando cuidadosamente su secreto de las apariciones, cumplió humildemente sus deberes, dedicándose especialmente al cuidado de los enfermos de Enghien, un suburbio de París. Debido a esto era llamada la patrona de los ancianos. El 31 de diciembre de 1876, Santa Catalina dejó esta tierra para ir al cielo y contemplar a su Inmaculada Reina, cuyo amor y belleza habían capturado su corazón en la tierra. Su cuerpo fue exhumado 57 años después y se encuentra en perfecto estado. Incluso la muerte respetaba aquella mujer que, en una de las apariciones, había disfrutado del extraordinario privilegio de posar sus manos durante dos horas sobre las rodillas de la Santísima Virgen. Santa Catalina fue canonizada por el Papa Pío XII el 27 de julio de 1947.

La sencillez de la vida de Santa Catalina atrae a todos. Se convirtió en santa cumpliendo para Dios con sus deberes habituales. Una “Santa de la gente común”, ella tiene para todos nosotros el secreto de la santidad.

Cómo oraba Santa Catalina

Que las humildes palabras de Santa Catalina Labouré inspiren tu devoción a nuestro Señor, a través de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.

Cuando voy a la capilla me pongo delante de Dios y digo: ‘Señor, aquí estoy, dame lo que quieras’. Si Él me da algo, estoy muy complacida y le doy gracias. Si Él no me da nada, aún le doy gracias porque no merezco nada. Y de nuevo le digo todo lo que pasa por mi mente; Reconozco mis dolores y mis alegrías y … escucho. Si le escuchas también te hablará, porque con Dios es necesario hablar y escuchar. Él siempre hablará contigo si vas a Él sencilla y sinceramente.